Los desalojados de Gomeza y Cereales Saltó no quieren ir a La Dehesa

  • El campamento sólo dispone de 120 plazas cuando se espera la llegada de 500 inmigrantes

  • El Colectivo de Apoyo al Inmigrante tacha la intervención del Ayuntamiento de «improvisada y descoordinada»

la foto 4 (2)Amadú muestra con tristeza lo que ha sido su casa durante más de un año. En realidad no es más que un rincón donde ha colocado algunos sofás y otros muebles viejos, rodeando a un bidón descompuesto. Ayer le anunciaron que debía sacar de allí todas sus pertenencias —si es que se puede considerar «patrimonio» a unos vetustos muebles— pues el Ayuntamiento ha ordenado el desalojo de las antiguas fábricas de Cereales Saltó y Gomeza. Su amigo Tenemaka le traduce. «Estoy perdido en la vida», señala mirando a un techo descubierto desde ayer por la Policía y los operarios municipales. Con 50 años y sin más familia que sus paisanos de Mali, con los que compartía hasta hoy una vieja nave, no sabe cuál será su próximo destino.

A pesar de que el campamento de La Dehesa abrió hace unos días, no es éste el lugar más deseado por los más de 70 inmigrantes en situación irregular que desde los últimos dos años permanecían asentados en el entorno de la antigua Pansalba, situado en la carretera de Peñas de San Pedro. «El campamento no reúne las condiciones para el almacenamiento de chatarra que dispone este asentamiento», señala Sekuba, mediador entre inmigrantes y el Colectivo de Apoyo. Eso sin contar, reconoce, la limitación en el tiempo de estancia —hasta octubre— y en el aforo del propio campamento: mientras se prevé que regresen unas 500 personas procedentes de las campañas agrícolas en Andalucía, La Dehesa sólo ofrece alojamiento para 120. «Nos quieren tener como cabras en una granja», denuncia Tenemaka, sin duda, el más indignado de los desalojados ayer por el Ayuntamiento.

«Falta de previsión»

«No quieren ir a La Dehesa», reitera Javier Marcellán, presidente del Colectivo de Apoyo al Inmigrante de Albacete. No quieren porque, además de las limitaciones para trabajar en la chatarra, se someten, según Marcellán, a un estricto control policial en los aledaños del campamento. «Se juegan multas de entre 500 y 800 euros y, en el peor de los casos, su traslado a los CIES de Valencia o Madrid», apunta. Y añade: «ha habido una descoordinación absoluta del Equipo de Gobierno y una gran falta de previsión».

En la asamblea de esta mañana convocada por el Colectivo con los desalojados, en su mayoría ciudadanos de Marruecos y África subsahariana, ha quedado patente la negativa de trasladarse al campamento, lugar que ya muchos conocen. Se trata, hasta el momento, de la única alternativa que el Ayuntamiento de Albacete maneja, como queda reflejado hoy en el diario La Tribuna. La concejal de Bienestar Social, Eva Navarro, reitera que el Ayuntamiento cuenta con «recursos suficientes» por lo que «no hay problema de capacidad o de que no se pueda atender a todo el mundo», recoge CLMPress. A esto vuelve a incidir Javier Marcellán: «¿Y qué harán con las 500 personas que hasta ahora se instalaban en estas naves abandonadas?». La pregunta, necesita hoy, cuando las campañas agrícolas van cesando, una rápida y decidida respuesta. De momento, como ya hicieron anoche, se preparan para pasar una velada al raso manchego.

No es la primera vez que sucede, todavía se recuerda el polémico caso del desalojo de la Casa de Piedra en 2007, que afectó a cerca de un centenar de inmigrantes, en su mayoría de origen rumano.

Los vecinos

Desde afuera, como si ya lo hubiesen previsto, los vecinos de la zona observan el trabajo de la policía local y la «mudanza» de los hoy desalojados mediante carros de la compra repletos de chatarra. «A mí ellos nunca me han generado problemas», señala Julián. Vecino del entorno de las fábricas Pansalba, Cereales Saltó y Gomeza, reconoce que aquellos a los que desde ayer se desaloja no han generado problemas a la comunidad. «El problema viene cuando en el verano esto se llena de rumanos. Ellos son los peligrosos y los que dejan todo lleno de basura», apunta. «Hace dos años hubo otro desalojo parecido, pero el año pasado se les colocó hasta un contenedor de basura en la puerta». Como tantos otros vecinos, Julián no descarta que el verano traiga a esta zona, pese al desalojo de ayer, la tradicional oleada de inmigrantes de otros años.

 

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