Pongamos que hablo de educación

  • Columna de opinión, por Francisco Javier Avilés.

Dice un compañero mío, profesor de Latín en un instituto de la ciudad, que a los españoles nos va la gresca, que nos da vidilla el enfrentamiento. Y creo que es tan cierto como desesperante. En el debate actual sobre la ley de educación (lomce) lo que está en primera línea del combate «tertuliano» es la religión. No reúso tratar esa cuestión en otra ocasión, si la buena acogida de la presente iniciativa periodística lo permite. Pero creo que es muy interesado el desvío de atención: centrarse en algo que tampoco cambió el proyecto de pacto educativo del ministro socialista Gabilondo. Mientras ponemos en el punto de mira mediático la religión, la Iglesia, los acuerdos con la Santa Sede… no hablamos de si merece o no la pena revisar la estructura y el contenido de nuestro sistema educativo que, básicamente, salvo el lavado de cara de la Ley Orgánica de Educación de 2006, es el que instauró la LOGSE (4 de octubre de 1990).

Lo verdaderamente crucial de la cuestión educativa es el palmario fracaso de nuestro sistema educativo. Fracaso que, en parte, se debe a la confusión entre obligatoriedad y universalidad de la educación. La LOGSE establecía el carácter de educación obligatoria hasta los 16 años, entendiendo por ello, no sólo que era obligatoria la escolarización hasta esa edad, sino que hasta dicha edad, todos los escolares estudiarían lo mismo (Primaria y Secundaria). Y sin embargo, la misma Ley Orgánica General del Sistema Educativo, aspiraba a tratar la diversidad, la diferencia. Cosa que no se ha conseguido, entre otras cosas, porque es caro, muy caro y porque requiere un enfoque menos dogmático de la educación y de la sociedad.

La universalidad de la educación es la obligatoriedad que tiene el Estado de garantizar que la educación será accesible y asequible para todos. Pero reconocer que hasta el tope que se ponga—me parece muy bien los 16 años— no supone imponer el mismo itinerario educativo, eso es reconocer la diversidad y abordarla con realismo. Ya el mencionado pacto educativo de Gabilondo así lo proponía para el último curso de la Secundaria Obligatoria (4º de ESO). Estos son los temas sobre los que hemos de hablar en profundidad si es que hablamos de educación y no de otra cosa.

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3 pensamientos en “Pongamos que hablo de educación

  1. Padre Avilés. Aunque comparto parte de su discurso porque llevo argumentando varios días que el debate de la religión en la LOMCE no es más que una cortina de humo para tapar las miserias de la ley no cabe por menos reseñar que la “obligatoriedad optativa” de la clase religión no hace más que perdurar en su puesto a muchos profesores que sin ser haber pasado proceso selectivo alguno (más allá de la resolución del Espíritu Santo traducida por sus emisarios en la tierra), se encargan de impartir una materia cuyo temario tampoco es decidido por autoridad pedagógica reconocida alguna, sino por el mismo Espíritu Santo antes mencionado, traducido por sus mismos traductores, Y es el principal problema que yo veo a la clase de religión ¿Por qué usted y no cualquier otro Cura que lleva trillados muchos años en pueblos casi desiertos, pasando miserias y que no olvidemos tiene la misma titulación académica que usted? ¿Y por qué muchos jóvenes de los movimientos afines (a la curia, o a movimientos eclesiásticos de dudoso fin pastoral) y no otros comprometidos con sus Parroquias y con mejor formación intelectual y por supuesto humana que los anteriores?
    Dicho esto, el principal problema del sistema educativo es la Igualdad de oportunidades, ¿Por qué un joven de Pozo Lorente no tiene las mismas posibilidades que uno de Albacete? antes ese joven, para poder estudiar se tenia que ir al Seminario o que sus padres le pagaran los estudios en Albacete o Valencia. Esa discriminación sigue hoy en día, y esta ley las potencia.
    Eso, la más que posible eliminación de la gratuidad de la educación infantil y el Bachillerato, el hacer de los curriculums algo que deciden los políticos (me da igual el signo y si hablan Catalán, Castellano o Chino Mandarín) y no los pedagogos…. todos esos debates que nadie a reflejado,

  2. Querido “hiijo” (lo cierto es que sería más justo conocer los nombres, puesto que vd. sí me conoce a mí). En primer lugar, la Religión no es obligatoria, ni ahora ni en la LOMCE. Conviene filtrar esa especie para que así el debate gire en torno a ella. Llamarle “obligatoriedad optativa” no deja de ser una manera de infiltrar la idea de que es obligatoria, y no lo es. Otra cosa es que uno defienda que no esté de ninguna manera, pero de ahí a decir que se obliga a nadie a elegirla es una falsedad. Puesto que el tema, no obstante, merece la atención, le dedicaré, si es que recibo la invitación, un artículo que, en cualquier caso, sólo será mi opinión, no la verdad absoluta. Hay profesores de Religión, curas que están en Yeste, o en otros destinos rurales. Que el método para elegir a los profesores de Religión no sean las oposiciones no invalida que quien tiene la potestad de proponer el profesorado (y que es la diócesis correspondiente) lo haga conforme a sus criterios de idoneidad. Hasta aquí todo es legal, como lo es también que algunos cargos públicos sean elegidos por los responsables políticos sin mediar elecciones (por ejemplo asesores y altos cargos de las diferentes administraciones).
    La igualdad de oportunidades requiere que el sistema público esté bien configurado para que no falten centros públicos ni becas. Tan injusto es que quien quiera estudiar no pueda, como que quien pueda hacerlo sobradamente por tener medios económicos suficientes malgaste los dineros de todos. Un joven de Pozo Lorente, antes, como ahora debía cursar el Bachillerato en Albacete o en Casas Ibáñez. Estoy seguro que la posibilidad de contar con centros de Secundaria no Obligatoria en todas las poblaciones no se debe ni a esta ni a otra ley de las que ya hemos tenido.
    No estoy seguro de que me quiera hablar solo de educación, sino de otra cosa, y eso ya requiere abrir otro canal. Pero para este tema sigo pensando y estoy abierto a que otras ideas me permitan comprender de una vez cómo mejorar la educación en nuestro país. Gracias por su aportación

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