Deporte, sentimiento… y dinero

En un mundo cada vez más marcado los factores puramente económicos y monetarios, casi ningún aspecto se escapa a esta especie de dictadura numérica que nos hace esclavos de nuestros «bolsillos» o los de otros. El deporte, en todas sus vertientes, también.

Según datos publicados por el Consejo Superior de Deportes, más del 70% de los españoles muestran «mucho o bastante» interés por el deporte, mientras que el 41% lo practica de manera habitual, siendo la salud el principal motivo para hacerlo. Dejando de lado la salud, la proyección mediática y sentimental del deporte en nuestro país parece fuera de toda duda. Y aquí, manda el dinero. La burbuja del fútbol millonario y sus privilegios durante los años en los que este país era (parecía) rico es el ejemplo paradigmático  de cómo el concepto de deporte se ha ido difuminando.

Localizando esto,  el Albacete Balompié que, salvando las distancias, también representa cómo el dinero manda más que el deporte y el propio sentimiento. Una empresa privada mal gestionada y endeudada durante los años de bonanza. Un Ayuntamiento endeudado por todos los rincones y que también lo está con este club. Y claro, una gran parte de la ciudadanía, preocupada por «salvar» al Albacete Balompié. El dinero manda, cuando el equipo lo tenía, deportivamente y socialmente, la cosa no iba mal. Cuando no lo hay, problemas en lo deportivo y el club a punto de desaparecer si no hubiera aparecido Andrés Iniesta. Y veremos lo que pasa.

Si digo que el fútbol mueve pasiones no estoy descubriendo nada nuevo. Esa pasión movió a alguien a hacer una pintada justo enfrente de la estación de tren de Albacete. Lo primero que vemos los que llegamos a la ciudad por esta vía es un «Salvemos al Albacete Balompié». Se han organizado fiestas de todo tipo, los ciudadanos se han podido hacer accionistas del club e incluso ha habido manifestaciones de apoyo en la calle.

Entre tanto, algunos recordamos también al Club Voleibol Albacete femenino, al CABA o la situación del torneo de tenis. Todos, marcados por el dinero. O nos echamos las manos a la cabeza cuando conocemos que tras la subida de tasas del IMD, jugar en un equipo de fútbol sala cuesta casi 3 veces más que en una ciudad como Madrid. Y cuando nos preguntamos esto, aparece la gestión público-privada (conceptazo de moda) para la construcción de un macropolideportivo. Pues vale. O nos preguntamos cuánto durará la burbuja del pádel que se ha creado con infinidad de pistas que, supongo, todas no durarán. O cuándo se va a crear de verdad una red de carril bici en condiciones.  Mientras, supongo que los chavales seguirán saltando vallas de institutos y colegios, como hemos hecho todos para jugar al fútbol.

El equipo se enfrenta mañana al Oviedo, un histórico que también se ha visto abocado a una «salvación». En su caso, una de las personas más ricas del mundo, Carlos Slim. Algunos dicen que si no ganan la eliminatoria, el club desaparecerá. Yo no lo creo, el fútbol siempre saldrá rentable para alguien. Estaré pendiente del partido, como lo he estado allá donde he vivido, Madrid o Costa Rica, por ejemplo. Desearé que gane el Alba, nuestro Alba y lo mismo hasta me aprendo el nuevo rap. Con pasión, pero sin dramas.

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