La LOMCE, un disparate más

  • Columna de opinión, por Francisco Delgado (presidente de Europa Laica)

«Una escuela pública, obligatoria, gratuita, laica, mixta, universal, inspirada en el ideal de la ética y de solidaridad humana y donde la actividad sea el eje de la metodología». Pues no. Este no es el ideario del sistema educativo actual. No, no lo es y muchísimo menos al modelo al que aspira la LOMCE. Esta fue la propuesta política para la enseñanza de la II República española, modelo ilustrado que se implantaba en diferentes lugares de Europa durante los siglos XIX y XX. En España era la filosofía que se derivaba, básicamente, de la Institución Libre de Enseñanza,  se ‘respiraba’ en la propuesta educativa de la escuela moderna y se dibujaba como proyecto en las Casas del Pueblo y en los ateneos anarquistas. Luego llegaron los totalitarismos y las guerras de mitad del veinte, y al acabar la Segunda Guerra Mundial en Europa se volvió a empezar: sus diversos modelos progresaron, se hicieron universales y útiles, abiertos, éticos. Sin embargo España se sumió en un oscuro nacionalcatolicismo que lo invadió todo hasta bien avanzado el siglo XX.

Han tenido que pasar 82 años -casi un siglo- y una parte de la sociedad seguimos aspirando a la misma utopía republicana en materia de educación. Pues no, como decía Don Miguel de Unamuno, en España en materia de Enseñanza «siempre estamos tejiendo y destejiendo» con intereses partidarios y religiosos y así nos va. Ahora una mayoría parlamentaria dirigida por el ‘demoscópico’ Wert, apoyado por neo-nacionalcatólicos (y obispos) y neoliberales, trata de imprimir una ‘neo-enseñanza’, tratando de establecer la privatización, el emprendimiento, la fe y moral religiosa (con alternativa); puntuable para el expediente académico; la segregación por cuestiones de conciencia y creencias; por de sexo, de clase social y motivos económicos; por cuestiones geográficas, culturales, étnicas y de capacidad funcional e intelectual. Y para rematar la faena propone debilitar la participación democrática de la comunidad educativa, por cierto en contra del artículo 27.7 de la Constitución.

Los obispos lo tienen muy claro: la enseñanza es un vehículo ideal para cristianizar, para que a través de los ‘buenos maestros católicos’ se revele a los niños la palabra de Dios. Y nada menos que desde los tres años, para que los niños aprendan a no pensar, para que no adquieran hábitos críticos: «todas las respuestas están en los libros sagrados» o en el sistema neoliberal. La jerarquía católica no se conforma con tener en propiedad miles de centros privados dogmático-religiosos en régimen de concierto con el Estado, que, por cierto, la LOE de Zapatero aupó a la categoría de ‘Servicio Público’ (¡qué gran error!) y que nos cuestan a todos los ciudadanos (católicos o no) más de 4.000 millones de euros al año mientras se cierran aulas, escuelas rurales y se amplían las ratios en la enseñanza de titularidad pública por falta de recursos.

No, no tienen bastante. Además cuentan con unos 15.000 catequistas en la escuela pública que hacen proselitismo religioso y para transmitir la fe católica a la mitad de alumnado (más o menos). Ese segundo ‘capricho’ nos cuesta a todos (católicos o no) más de 600 millones de euros al año. Pues aún con eso no se conforman. Ahora quieren más y Wert les ofrece incluir materia alternativa (en contra de sentencias judiciales) y, además, otorga a la enseñanza de la fe (católica, islámica, evangélica…) de carácter académico para que la nota de religión cuente para la Selectividad o las becas, si es que quedan becas para entonces. Y por si eso fuera poco,  la propuesta de LOMCE -ya en el Parlamento para su debate- permite centros financiados con fondos públicos que segreguen por cuestión de sexo (también en contra de sentencias del Tribunal Supremo). «Los niños con los niños, las niñas con las niñas…» ¿recuerdan los más viejos? Pues para Wert no es tan viejo: es ‘neo’ y se queda tan pancho.

En suma, un nuevo disparate sobre el disparatado sistema actual en la no confesionalidad del Estado, prisionero de los acuerdos con la Santa Sede de 1979 y por políticas pacatas en materia de libertad de conciencia y de Derechos Humanos de todos los Gobiernos desde 1979. Y suma y sigue. Más de siete leyes o reformas educativas estatales, más las correspondientes leyes territoriales en tan sólo 30 años. ¡Todo un récord!

Mientras se discute sobre las lenguas, la religión, las evaluaciones del alumnado… al sistema educativo le están birlando miles de millones de euros. Sobre todo a la enseñanza pública. ¡Cosas de los tiempos neo!

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