El aroma de lo nuevo

  • Columna de opinión, por Elena Serrallé.

Escribo mi primera columna con la emoción propia de lo nuevo, de lo inexplorado, de lo ilusionante. Hoy he subido una persiana en mi mente que ha permanecido demasiado tiempo bajada y la sensación no puede ser más exquisita.

Diarioab.com me invita a subir y yo subo. Huele a nuevo. Instintivamente he evocado mi niñez. Me veo a mí misma sonriendo, feliz. Como cada septiembre comienza el curso escolar y yo estreno de todo porque mi madre tiene una tienda en mi pueblo y la sección de papelería es una feria de estuches recién descargados por el repartidor de turno, de cajas de colores Alpino, de los dos tamaños, los cortos y los largos. Yo regateo con ella y consigo una caja de los largos. Con el tiempo he descubierto que aquella pequeña victoria no nacía gracias a mis dotes de estratega, sino a que mi madre es una santa.

Luego están las libretas, las hay de todos los formatos, de una línea, de dos líneas y de cuadros. Y de muchos tamaños, las de folio (destinadas para los mayores, los que van a sexto, séptimo y octavo), las de cuartilla (yo juego aún en esa liga) y las chiquitinas, que nunca he sabido muy bien a quién iban destinadas, pero que, por si acaso, ya me encargo yo de agenciarme una. Lo cierto es que su destino final se limitaba a agonizar en un cajón con apenas un par de hojas utilizadas en las que anotaba los cumpleaños de mis padres, de mis hermanos y de mi amiga Rocío.

También hay rotuladores, de seis y de doce unidades. Mi madre aquí endurece la negociación. En una ocasión casi me desmayo al visualizar una caja de ceras de veinticuatro unidades… ¡Dios mío! ¡Había colores que no sabía ni que existían! ¡Los de Plastidecor se han superado! Gomas Milán. ¿Por qué nunca consigo darles con su uso esa forma redondeada tan artesanal que para mi hermano Javi es coser y cantar? A mí siempre se me parten. ¡Qué rabia!

Finalmente hago inventario de lo adquirido. Estuche de dos pisos, caja de colores de doce, tres libretas de cuartilla, la libreta pequeña, la goma que este curso redondearé, un sacapuntas (este año he optado por el cuadrado) y…¡ay! el año que viene por fin accederé al estuche de reglas y al compás.

Recuerdo plenamente ese aroma, porque luego dedicaba un gran rato a oler mis posesiones. El aroma de lo nuevo.

Hoy ha despertado ese olor. Se ha desperezado sin prisa y casi susurrando me ha dado los buenos días. «Cuánto me alegro de que estés aquí», le he contestado yo.

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