Exiliados

Hace unos años me ‘inventé’ aquello de Albaceteños de ida y vuelta para definir una situación generacional que vivía de primera mano. Me di cuenta de que éramos muchos los estudiantes albaceteños que desfilábamos por las estaciones de tren o autobús semana sí, semana no, para regresar a nuestra casa procedentes de las ciudades donde íbamos a la Universidad. Gente que comenzamos a hacer nuestra vida fuera de Albacete pero que siempre mantuvimos un contacto y sentimiento fuerte por nuestra tierra.

Ahora, me pasa que tengo un grupo de Whatsapp llamado ‘Albaceteños desperdigaos’ en el que sólo dos personas de 10 aún viven en Albacete. Uno de ellos lo hace desde hace poco,  después de haber dado vueltas y vueltas por diferentes lugares y la otra, con el pensamiento de dar el paso y salir de allí. Me pasa también que el domingo estuve viendo el Albacete-Oviedo y comentándolo con amigos (otros distintos) que viven en París, Granada o Cuenca.  Y en general, la lista sigue allá donde mire o piense.

Supongo que no seré el único que tenga esta  realidad. La sensación de que muchos se van aunque otros vuelvan. Según datos del INE recogidos perfectamente por DataAlbacete el 1 de enero de 2013 había 4.319 personas nacidas en Albacete registradas como residentes en medio centenar de países de los cinco continentes. Hay que decir que son muchos más, contando con personas que no están registradas, países donde hay poca representación, gente no nacida en la ciudad pero que ha vivido mucho tiempo allí, personas que siguen empadronadas a pesar de no vivir habitualmente….

Según estos datos, más del 80% de estos albaceteños oficialmente inscritos viven en países europeos. Para González Pons y avalado por, qué casualidad, una albaceteña, María Dolores de Cospedal, ellos están en casa. Para Fátima Báñez está muy bien eso de la movilidad exterior, y para otros, los jóvenes tenemos impulso aventurero. Igual soy yo muy raro, pero todo este ‘quitarle hierro’ al éxodo de jóvenes (y no tan jóvenes) de nuestro país me parece una absoluta falta de sensibilidad, una desvergüenza o simplemente que tratan de reírse de nosotros como ciudadanos. Otra opción es que no tengan otro plan económico que animarnos a todos a irnos, como ya parece que se está haciendo. Si somos menos, más posibilidades de empleo.

La mayoría de gente de mi alrededor estarían encantados con trabajar lo más cerca de su tierra posible. Te puedes ir a la aventura, durante un tiempo, para enriquecerte, sí. Pero, ¿y a la larga? Todo extrañamos la ‘patria’, en el concepto que aparece en la película Martín Hache. Lo que pasa, es que si uno se va, ¿cómo va a volver ahora? ¿Qué le espera? Esta crisis, que prefiero llamar estafa, nos está abocando a tener que buscarnos un futuro estable fuera de nuestras fronteras. ¿Vamos a poder cotizar lo suficiente para jubilarnos? A mí, y a muchos no nos salen las cuentas ya.  Lo que pasa es que los que mandan y los que dicen estas estupideces hirientes tienen una pensión vitalicia y la vida resuelta. Lo curioso de todo esto es que aún haya gente que se rompa las manos a aplaudirlos cuando hacen actos públicos.

Lo digo y lo mantengo, no nos vamos, nos echan.

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