El uranio no es sal

  • Columna de opinión, por Colectivo e-sostenibles*

Cuando Roma quiso robarle a Cartago todas sus riquezas enviaron a Escipión. El general cumplió vehemente: después de la conmoción y el espanto, ordenó que se demolieran y arrancaran cimientos de los edificios, y que un arado surcara los solares, las calles y las plazas durante 17 días para, a continuación, sembrarlo todo de sal.

Diseñado para 60 años, el ATC (cementerio nuclear) serviría para albergar combustible nuclear gastado y residuos de alta actividad. Todos los técnicos del mundo reconocen que este tipo de  residuos son imposibles de tratar: emiten altas dosis de radiación y resultan peligrosos al menos durante 25.000 años. Peligrosos significa que matan. Incluso en ciertos ATC europeos que aún siguen bien custodiados y no han tenido pérdidas ni filtraciones (La Hague, Holanda y Sellafield, Reino Unido) se han registrado aumentos significativos de leucemia infantil. Los habitantes de las localidades cercanas al de Asse han sufrido un aumento de casos de cáncer de páncreas, tiroides y leucemia en solo siete años.

Cartago se mantuvo deshabitado durante 100 años. La sal se había diluido y una rica flora adornaba sus colinas. Julio César estableció una colonia con los veteranos licenciados que Octavio Augusto reforzó 20 años después con colonos civiles. Hoy, 2030 años después, todas las guías turísticas de Túnez incluyen una visita a las míticas ruinas de Cartago, tantas veces derruida y vuelta a levantar.

Cojan perspectiva. Estamos pasando una crisis, sí. Necesitamos ideas y recursos para salir del bache pero no se confundan: El uranio no es sal. Hipotecar el futuro de una tierra 150 supuestos puestos de trabajo es un ejemplo de majadería infantil: desde que entrara en vigor la Reforma Laboral se han destruido en Castilla-La Mancha 8.700 puestos de trabajo.

Hay una razón más para evitar ese cementerio: no disponemos de una sociedad lo suficientemente estable como para custodiar una bomba nuclear durante 25.000 años. Rumien sobre los silos nucleares abandonados de la desaparecida URSS, en la central de Fukushima del avanzadísimo Japón. O piensen en sí mismos hace 5 años: ¿imaginaron que iban a rebañar su paga extra, o sus ahorros, que multiplicarían las horas de trabajo, que iban a mermar los servicios sociales, suprimir la investigación, cercenar la educación, cobrar la sanidad, que le iban a echar a la calle sin explicaciones?

Visualicen un futurible del ATC. Primero el proyecto se hará opaco, los medios de comunicación dejarán de tener acceso a la información básica sobre el proceso (el pasado 23 de mayo el alcalde de Villar de Cañas prohibió grabar en vídeo el pleno) y con ellos la ciudadanía; llegarán la maquinaria pesada y técnicos de la capital, luego la basura nuclear, todos fuertemente custodiados por hombres armados. El día de la inauguración habrá políticos sonrientes, sirenas y altavoces, y pocos vecinos. Pasan los años y los gobiernos. A sus nietos los reúnen una tarde y les hablan de dificultades: la crisis no remite, no hay más remedio que hacer sacrificios, cambio de planes, más residuos, menos sueldo. Vaya, ya no aparecen los políticos, ni cogen el teléfono. Un día no hay presupuesto para «esas averías sin importancia». Cuando la empresa custodia quiebre… ¿Es imposible? La empresa constructora del Almacén Transitorio Individual de Zorita quebró en 2007 y presentó suspensión de pagos. Nadie se responsabiliza de las corrosiones, de ciertas fugas. Los protocolos se han perdido. Han decidido sellar, con urgencia. Miren de frente ese día en que los acusados se levantan del banquillo sorprendentemente absueltos. «A mí qué me cuenta, fueron los otros», «¡Era improbable, imposible de prever!». ¿Ves al médico sacudiendo la cabeza? El hombre con mascarilla habla de alteración del ADN, de desplazamiento forzado, de evacuación inminente, de despedida rápida de esta tierra que se alambrará en 60 km a la redonda.

En democracia se pueden tomar malas y buenas decisiones siempre y cuando estas decisiones no vayan a afectar irreversiblemente a generaciones y generaciones que no han participado en absoluto en la elección de aquellos gobernantes. Poner bajo tu casa uranio radioactivo durante 250 siglos no es una decisión tolerable. Trabaja, piensa e imagina cosas buenas para tu tierra; estudia, investiga y colabora con tus vecinos para hacerla sostenible, pero no, no maldigas para siempre tu tierra.

*El Colectivo e-sostenibles está compuesto por Eduardo Soto, Pablo  Ferrandis, José Fajardo, Domingo Blanco y Alonso Verde

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