La última clase de Educación para la Ciudadanía

  • Columna de opinión, por Alfonso Tornero

Soy profesor de Educación Secundaria y una de las asignaturas que me toca impartir era, a partir de hoy en tiempo pretérito, Educación para la Ciudadanía. La extinguida asignatura nació en época reciente, ya en mitad de un fenómeno hoy plenamente asumido como lógico y natural: utilizar como arma política arrojadiza el nuevo plan educativo de turno, algo casi tan simbólico y obligatorio como cambiar el color de la bandera que ondea en lo alto del castillo.

La abreviada EPC partió con el lastre de su politizada concepción, de la que escapaban otras inocuas materias, y casi de inmediato desató un torbellino de conflictos que fueron subiendo de tono hasta llegar al inefable Tribunal Constitucional, e incluso a los jueces de la universal Europa. El problema de base residía en el componente ético de la asignatura. Todo el mundo coincidía en que es necesario convertirse en un buen ciudadano al estilo idealista de Rousseau; pero para ello resulta imprescindible definir lo que está bien y lo que está mal, con todas las dificultades que plantea esta dicotomía. En mitad de esas dos ramas se perdieron los factores comunes y entraron en liza las políticas encontradas. Se pronunciaron las palabrotas más feas, los anatemas de la educación: adoctrinamiento, condicionamiento, manipulación…

Hoy hemos dedicado la última clase de EPC a reflexionar con los alumnos sobre la propia asignatura, su breve historia y sus peculiaridades, en base a unas preguntas sencillas de formular. «¿Es preceptivo de la educación incidir en lo ético, discutir sobre lo que está bien o está mal?». Respuesta de los alumnos: «Se hace a cada paso, desde el momento en que la educación se desarrolla en un entorno social con normas de convivencia». «Si en el proceso educativo aparece la disensión entre los binomios libro-profesor y alumno-familia, ¿es la diferencia de puntos de vista éticos un problema a evitar?» Alumnos: «Se aprende cuando se discute». «¿Existe alguna otra asignatura donde las cuestiones morales salten al escenario, a veces con polémica?» Alumnos: «Sí, la Religión, la Ética, las Ciencias Sociales y cualquier otra materia en la que un profesor tenga que exponer realidades que atañen al ser humano». Última pregunta del último minuto de la última clase de la asignatura: «¿Os ha gustado Educación para la Ciudadanía?». Respuesta: «Sí. Lástima que la quiten».

En cualquier caso, esta última pregunta era intrascendente. Los alumnos no participan activamente en la confección de los contenidos de los planes educativos. Ello es competencia de adultos con formación especializada en pedagogía, de políticos comprometidos con el desarrollo y el futuro de su pueblo, y de sabios que distinguen entre el bien y el mal.

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