La amenaza nuclear

  • Columna de opinión, por José Julio del Olmo

energía nuclear, Villar de Cañas, cementerio nuclear, amenaza, medio ambienteHace poco más de un año, el mundo entero asistía con asombro a las terribles imágenes de un tsunami de características descomunales que arrasaba con las costas de Japón, provocando la destrucción y la pérdida de miles de vidas humanas. Y sólo un par de días después, las consecuencias de esa catástrofe provocaban un desastre aún mayor al quedar seriamente dañada una central nuclear con cuatro reactores afectados por la ola gigante. Los daños de esa central provocaron en los días siguientes fugas radiactivas que obligaron a evacuar varias poblaciones y contaminaron un área enorme, tanto del territorio de la isla japonesa, como del océano donde se vertieron millones de litros del agua utilizada para enfriar los reactores. A día de hoy, miles de kilómetros cuadrados siguen contaminados por la radiación, impidiendo a sus habitantes regresar a sus casas o cultivar los campos o salir a pescar en la zona afectada.

Y, a la vez que todos esos acontecimientos sucedían en Japón, el rechazo a la energía nuclear se extendía por todo el mundo, llevando a algunos gobiernos a cerrar sus instalaciones nucleares para realizar análisis de la seguridad de las mismas, entre ellos al propio Gobierno japonés que, en una medida sin precedentes, paralizó durante varios meses todos sus reactores (más de sesenta) hasta llevar a cabo esas pruebas. Hoy solamente funcionan en Japón menos de diez reactores nucleares y algunos han sido clausurados definitivamente.

En España, la central más antigua que seguía en funcionamiento en Garoña (Burgos),  de un modelo similar al de Fukushima, recibía la noticia de que no vería prorrogado su tiempo de vida cuando cumpliera el plazo dado por el Gobierno anterior de Zapatero. Y, la semana pasada se cumplía definitivamente con ese cierre y final de su actividad. Y no ha pasado nada ni nos hemos quedado sin suministro eléctrico.

Pero todo este recordatorio tiene un epílogo significativo.  Poco después de acceder a su cargo en el Gobierno de Mariano Rajoy, el ministro de Industria tomaba una decisión de trascendencia para Castilla La Mancha y también, indirectamente, para Albacete: la elección de la localidad de Villar de Cañas, en Cuenca, para ubicar en ella el almacén de residuos de alta actividad de las centrales nucleares españolas. Esos residuos serían trasladados desde cada una de las instalaciones en funcionamiento, además de los que procederían del desmantelamiento de las centrales de Vandellós (clausurada hace más de veinte años, tras un grave accidente nuclear que estuvo a punto de causar una catástrofe irreversible), Zorita o la propia Garoña. Y parte de esos residuos pasarían por la estación o las carreteras de Albacete, con el riesgo que ese trasporte supone en el traslado de residuos nucleares.

Desgraciadamente, el tema nuclear no suele aparecer en los medios de comunicación o en los debates ciudadanos nada más que con ocasión de accidentes graves como los de Chernóbil o Fukushima. Pero no podemos esperar a que nuestro país sea el próximo protagonista de las noticias.

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