El sello Querejeta

Obstinado, testarudo, incansable, comprometido, inconformista, aventurero… Estos son sólo algunos de los adjetivos clásicos e indisolubles a la figura del más arriesgado, prolífico e influyente, es decir, el más importante productor de cine español de las últimas cuatro o cinco décadas.

Elías QuerejetaComo toda leyenda que se precie, Elías Querejeta gozaba de una personalidad misteriosa y poliédrica tremendamente marcada por el juego, ya que llegó a ser estrella de la Real Sociedad pero también un reconocido jugador de póquer, y este fue sin duda un rasgo vital clave a la hora de plantear y encarar las películas que produjo: el reto, la diversión, la estrategia y la victoria, como digo, el juego, el ‘face to face’, el regate a la censura y la frialdad a la hora de poner las cartas sobre la mesa frente a los financiadores cuando la obsesión por un proyecto lo poseía como el Demonio a Regan. Comenzó con otro histórico del cine vasco, Antxon Ezeiza, quien también nos dejó en noviembre del 2011. Mano a mano escribieron y dirigieron sus primeros cortos: A través de San Sebastián y A través del fútbol, con el que tuvo su primer y no precisamente último affair con la censura franquista. A los dieciséis, antes de comenzar sus estudios universitarios en Ciencias Químicas y Derecho y antes de convertirse en profesional del deporte rey, montó el primer cine club de Donostia,después se instaló en Madrid y empezó a hacer historia.

Elías Querejeta P.C, siempre que vemos esto en los créditos de una película nos vienen a la mente palabras como respeto, admiración y calidad, pero también algo inherente a su filmografía: el compromiso social, expresión devastada por el paso del tiempo y que él interiorizó desde lo más enraizado de su calidad humana para hablarnos del polimorfismo de una realidad cambiante, compleja y en muchos casos atroz e inhumana. Siempre desde el rigor y la auto exigencia más implacable, siendo absolutamente consciente de su identidad pero con una buena parte de su alma en los Estados Unidos, en donde el mítico productor de la MGM, Irvin Thalberg, creó, junto a Tod Browning, Sam Wood o King Vidor, entre otros, algunas de las criaturas cinematográficas más fascinantes del Hollywood de la primera mitad del siglo pasado.

Thalberg y su manera de entender y concebir el cine inspiraron al guipuzcoano, quien no dudaba en opinar, discutir, controlar y modificar cuantos aspectos de la película le parecieran oportunos. Los festivales de cine más importantes del mundo han reconocido el potencial de su obra con innumerables premios: la Concha de Oro, el Oso de Berlín, el Premio del Jurado en Cannes… Un reconocimiento internacional difícilmente superable por ningún otro productor dentro y fuera de nuestras fronteras.

Es imposible entender el cine de Querejeta sin su inseparable ‘crew’ (Teo Escamilla, Luis Cuadrado, Pablo G. del Amo, Primitivo Álvaro, Saura, Chávarri, Armendáriz, Gutiérrez Aragón) y es imposible entender el cine de Querejeta sin las discusiones, los conflictos y alguna que otra enemistad, como la archiconocida que contrajo con Víctor Erice. Pero gracias a ese choque frontal entre productor y director podemos hacer click o doble click y observar hipnotizados «el espíritu todopoderoso, enigmático y paradójico al que las abejas parecen obedecer y que la razón de los hombres jamás ha llegado a comprender».

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