Il Gattopardo

  • Columna de opinión, por Xavier Sierra

Con la referencia al título de la única novela escrita por el príncipe Giuseppe Tomasi di Lampedusa ambientada en la unificación italiana, me refiero a una actitud, descrita magistralmente por el novelista, de acomodación al cambio para seguir ostentado los privilegios de una casta. En este caso de los partidarios del Antiguo Régimen. Si no la han visto, no dejen de ver la película de mismo título, dirigida por Luchino Visconti y protagonizada por Burt Lancaster. Sigue siendo válida su lapidaria frase que lo resume todo: Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie.

De todos es sabida la situación de crisis en la cual nos encontramos. Como lo obvio no hay que demostrarlo, se debe entrar en materia sin más dilaciones. Diversos autores de prestigio y no pocos premios Nobel, han escrito acerca de la importancia de esta Gran Depresión y de sus consecuencias. En nuestra nación se ha visto agravada, además de las causas que han afectado al resto de países, por la existencia de una enorme burbuja inmobiliaria y por una clase política que forma una élite extractiva.

Dos destacados economistas, Daron Acemoglu, del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), y James Robinson, profesor de Gobierno en la Universidad de Harvard, han impresionado a la colectividad académica y a la opinión pública con su libro ‘Why Nations Fail’ (Por qué fracasan las naciones). Su tesis principal es que el futuro de las naciones depende de la forma como los pueblos organizan sus sociedades. Además muestra que, aunque las instituciones económicas son esenciales, las políticas son las más determinantes. Concluyen los autores, que las naciones fracasan porque sus instituciones son débiles y ‘extractivas’, es decir, son excluyentes: privilegian a unos grupos de la sociedad por encima de otros y concentran el poder en una élite que actúa para su propio beneficio. Para ellos, estas estructuras no crean los incentivos necesarios para que la gente ahorre, invierta, se eduque, innove y acceda a nuevas tecnologías. La forma como se organiza el poder estaría siempre en la raíz del fracaso. La importancia de las instituciones políticas radica en que de ellas depende la capacidad de los ciudadanos para controlar e influir y sacar provecho propio. Si son fuertes e incluyentes, impiden que haya personas que abusen del poder para amasar sus propias fortunas y llevar a cabo sus propios asuntos perjudicando al resto de la sociedad.

En mi opinión, en nuestro caso, confluyen las instituciones económicas con las políticas, en el sentido de que, ambas, son extractivas. No hay más que ver el comportamiento de la banca y, en especial, de las cajas hoy reconvertidas en bancos, salpicados todos ellos por sentencias desfavorables y con multitud de imputados por la comisión de diversos delitos económico-financieros . [1]

 

[1] MOLINAS, CÉSAR. ‘Una teoría de la clase política española’. El País. 10.09.2012

 

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