Primavera, verano, otoño…

  • Columna de opinión, por Francisco Javier Avilés

taichi, espiritual, zen, opinión, AlbaceteVale, vale, es necesario un crecimiento espiritual. Vale decir personal, para que los humanos peguemos ese estirón que haría posible la felicidad individual y la dichosa sostenibilidad. Pero, ¿cómo y dónde? Se me ocurren fáciles y baratas propuestas que estarían al alcance de casi todos. Algunas de ellas las podría ‘implementar’ (qué horror de palabro virulento y contagioso) un Ayuntamiento que se interesara por la salud integral de su vecindario. Como, por ejemplo, ofrecer la posibilidad de aprender y ejercitar taichi en los parques de la ciudad. Organizar itinerarios botánicos para conocer y contemplar la vida que, a pesar de los pesares, crece entre nosotros. Pero otras iniciativas las debe tomar cada quisque, como encontrar un momento al día en el que hacer silencio y permitir que nos hablen las voces interiores, incluso hasta conseguir acallarlas para que acontezca ese silencio que nos constituye y en el que somos más que nunca.

Y como nos dicen que los buenos proyectos deben contar con una motivación que los haga apetitosos e involucre las energías de los participantes, allá van tres sugerencias: una literaria, una cinematográfica y otra musical. Empecemos por la última, para dar la razón a quien propusiera que los últimos serán los primero. De Enrique Morente, de quien nos inspiramos para titular nuestra columna, es muy aconsejable escuchar y paladear el disco Sacromonte, dejarse llevar por su voz bien modulada y las letras que aun en lo intrascendente, respiran sabiduría popular. La película Zen, del año 2009 y dirigida por Banmei Takahashi, cuenta la vida del patriarca del budismo zen, Dogen. Además de una introducción a esa corriente espiritual tiene una perla de pedagogía espiritual cuando el protagonista recomienda a un shogun, como vía de integración de la vida la adaptación a cada momento. En primavera los pájaros, en verano las nubes, el otoño las hojas, en invierno las huellas sobre la nieve. Y del sacerdote y escritor Pablo D’Ors, en la editorial Siruela, con el título Biografía del silencio encontramos un testimonio de los beneficios de la meditación personal y diaria.

El paso de las estaciones puede ser como una cinta transportadora, que nos lleva pasivos, inertes. O por el contrario una maravillosa y, siento decirlo, irrepetible experiencia de maduración, fecundidad y aprendizaje. Que ustedes las disfruten, en un caso u otro.

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