Mucha mierdra o Ubú somos todos

UbureycartelNos reímos de Padre Ubú porque es de los nuestros: malvado, ceporro, ambicioso. Nos reímos de sus métodos canallas para hacerse con el poder supremo, porque son los que vienen en nuestro manual, justo en el capítulo sobre las claves del éxito mundano que tanto nos agrada visitar. Ponedle corbata y dadle un ministerio a ese sinvergüenza, o subidle a la tribuna presidencial, que hable un rato, que nos recorte las entrañas, que nos devore con su dialéctica pollina hasta que resoplemos asfixiados bajo su zapato de ira, y no notaremos graves diferencias.

De las distintas versiones que he visto de Ubú Rey, y dejando al margen los montajes de aficionados, esta es la que consigue más con menos recursos, otro manjar para la colección del Candilejas que así viene a rubricar una magnífica temporada teatral al borde del descanso veraniego y la tremenda capacidad de supervivencia artística y talento-motor de Engracia Cruz y Paco Redondo como responsables de la criatura, a pesar de que a estas alturas ya lo tengan todo más que demostrado. Pero como esto es Albacete, esperaremos a que se pudran de asco en un rincón antes de reconocer sus méritos, y mientras tanto que los zurzan.

Divertidísima y fiera, jugueteada y bribona, trazada palabra a palabra en un fresco de elaboración perfeccionista, esta mirada sobre Ubú Rey lleva el sello de la casa, y es para bien. Resulta una delicia rascar así en los entresijos de la pestilencia humana, las leyes del poder que rigen sobre las montañas de la basura en nuestro corazón donde todo se compra y se vende, porque somos ganado para el dictador capaz de cautivarnos. Viva Ubú Rey o Ubú Alcalde o Ubú President, podemos gritar mientras el aire nos llega a duras penas al cuello de esta camisa de esclavos bien administrados.

Patricia Charcos y su impagable trabajo de clown que mejora con eficacia nunca vista a Tontolinato, y el maestro de ceremonias José Zafrilla, tan trabajador y generoso con Padre Ubú como con todo lo que toca, son sólo la cumbre de un reparto sencillamente muy bueno en el que nadie ensombrece la maquinaria de este teatro pensado como artesanía manchega, como último reducto de lo bien hecho, del cariño a una profesión, de la dedicación extrema y preciosa a un arte que parece insostenible.

En el Teatro Candilejas están teniendo lugar algunos de los acontecimientos culturales más importantes de esta puñetera ciudad, y a un precio más que aceptable. Luego me pondréis vuestra carita de inocencia y diréis que vaya por Dios y que cómo es que nadie nos avisó.

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