De Alpera a Lezuza

  • Columna de opinión, por Rubí Sanz

Libisosa, yacimiento, Lezuza, AlbaceteHace pocos días el Ayuntamiento de Lezuza celebraba un día de puertas abiertas en el yacimiento de Libisosa, ahora el de Alpera hace otro tanto en torno a las pinturas rupestres de su término municipal, con la Cueva de la Vieja a la cabeza. Ambas iniciativas son especialmente de agradecer por cuanto constituyen una oferta cultural atractiva, edificante, que nos transporta a los tiempos de otras gentes que antaño ocuparon espacios del territorio albacetenses. Son opciones del turismo cultural que, de paso, contribuyen a conocer los pueblos actuales, sus actividades y paisajes. Y son todavía más importantes en estos tiempos en los que muchas de las ofertas culturales (cine, teatro, libros, música) están acompañadas de impuestos (IVA) desacordes con las capacidades adquisitivas de las familias.

El derecho a la cultura, recogido en nuestra Constitución (artículo 44.1), es responsabilidad en primer lugar de las instituciones públicas, luego están los espónsores, las iniciativas privadas algunas surgidas desde asociaciones, pero son el Estado, las Comunidades Autónomas, las Diputaciones y los Ayuntamientos quienes han de promover y tutelar todo aquello que contribuye a fomentar la cultura de los pueblos. El patrimonio está en primera línea de salida pues, al fin y al cabo, es el más directo legado de quienes nos precedieron.

Uno de los logros del Estado democrático ha sido romper las barreras que habían sido levantadas, que reservaban la educación y la cultura prácticamente a quienes podían pagarla. Las bibliotecas eran escasas, las universidades lo eran todavía más… En estos días uno de los temas de actualidad gira en torno a las becas, tan necesarias para muchos buenos estudiantes y mejores profesionales futuros, otro impone una urgente reducción del IVA para que nuestros creadores puedan seguir produciendo. La historia, la riqueza y el prestigio de los pueblos es tanto mayor cuanto lo es su inversión en la extensión del conocimiento.

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Teatro de Malta, un Premio Max en las letrinas

  • La Administración ‘popular’ clava su aguijón envenenado a la escena regional
  • Columna de opinión, por Juan Ángel Fernández (JAF)
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Pepe Moreno y el Premio Max

La imagen del premio Max al Mejor Espectáculo Infantil de Teatro 2013 sobre un urinario del Matadero de Madrid, la noche del pasado 13 de mayo, simbolizaba todo el esplendor de una desgarradora metáfora nacional sufrida este último año por todos los cómicos de nuestro país. Pepe Moreno, escenógrafo de la compañía Teatro de Malta, había hecho reposar la manzana de la gloria en la parte superior del excusado varonil mientras expulsaba toda la emoción contenida en aquella histórica velada. El Premio Max en su escenario natural. El teatro independiente a pie de tratamiento. La dignidad vocacional echando leches.

La obra premiada, Alegría, palabras de Gloria Fuertes, sitúa en escena al payaso clásico jugando caprichosamente con la verborrea incontenible de una poetisa inolvidable, Gloria Fuertes: Una venturosa mutación de niña-mujer-niña. Como dice la directora de la compañía Marta Torres a hoja de programa: «el clown vive en un mundo que no comprende, como Gloria Fuertes». Ni el Teatro de Malta, ni los que queremos el teatro comprendemos la brutalidad de la pesada carga del 21% de IVA a la que han sido sometidos todos los cómicos de este país. «El clown se sobrepone a cualquier fracaso, como Gloria Fuertes». En estas circunstancias y sin apoyo de la administración regional la compañía Teatro de Malta se sobrepone a cualquier desguace o desaparición ganando el máximo galardón nacional al que cualquier cómico puede aspirar;  «El clown es capaz de tornar en alegría ajena la propia tristeza, el clown es tan generoso como la poesía de Gloria». Otra vez la maldita metáfora de Pepe Moreno en rigurosa actualidad: la manzana en el urinario.

El IVA está asfixiando a muchas de las compañías independientes de este país, pero en la región, en Castilla-La Mancha, la situación para algunas de nuestras compañías que llevan muchos años en escena es absolutamente insostenible por falta de subvenciones.  Después de veinte años de ayudas a las empresas de teatro, este año no es que haya habido un recorte del diez o el doce por ciento, es que ha sido del cien por cien. La situación es crítica porque antes las producciones partían con una ayuda de un treinta por ciento, una cantidad que ya no tenían que amortizar. Eso hacía que el precio del espectáculo bajase. Si no existe esa ayuda, tendrían que añadir esa cantidad no cobrada al precio final de la producción, que sería más alto. Con lo cual dejan de ser competitivas. Eso sólo ha ocurrido en Castilla-La Mancha. Así que las compañías de la región están en inferioridad respecto al resto de compañías nacionales. Sus representaciones son más caras.

Después de obtener el premio Max, la compañía Teatro de Malta trabaja estos días para el grupo Smedia, la principal empresa privada que gestiona teatros en Madrid y también una de las principales de España, con una trayectoria de prolongado e intenso trabajo dedicado a la producción, realización y distribución de obras de teatro y espectáculos de de Kapurthala que se representará durante todo el verano en… el Teatro Galileo de Madrid.  La presidenta de nuestros concejos, sí, la señora de la mantilla en el Corpus, podrá descansar tranquila en su retrete, al menos en lo que respecta a esta premiada compañía albaceteña.

Motel Bates: Dar IVA por liebre

  • Columna de opinión, por Jesús López

¿Saben aquel que dice que bajaría el IVA, luego que subiría el IVA y luego que lo bajaría otra vez? No es un chiste de Eugenio porque no tiene gracia alguna. La subida de impuestos en general, y el IVA en particular tienen alojamiento permanente en este Motel Bates. Quizá algunos veteranos recuerden aquel 1 de Enero de 1986, en que el Impuesto sobre el Valor Añadido llegaba para quedarse. Los españoles, maestros del chascarrillo como somos, lo incorporamos con rapidez a nuestras tertulias, chanzas y hasta a los rótulos de nuestras calles, como aquel ‘IVA 86’ que dio nombre a un conocido bar –hoy con otra nomenclatura- en la calle Pérez Galdós de nuestra ciudad. El tipo general en aquella época era de un 12%. Hoy se han invertido las dos cifras y pagamos un 21%. Más de una quinta parte de lo que pagamos por cualquier producto de consumo en nuestro país se va para las arcas públicas. Y, de paso, encarece el producto.

¿Qué será, será? Pues como decía la canción, lo que haya de ser será, pero cuando estos días suena el IVA por los rincones de Moncloa es que algo se cuece, y no esperen que la cocción devengue en bajada de los tipos. Más bien devengará al alza. Decía Luis de Guindos hace unos días (sí, leen bien, el que habla de impuestos no es el ministro del ramo, sino el otro, el que no lo es, para añadir un poco más de confusión a los ciudadanos) que esa posible subida de tipos afectará sólo a algunos productos concretos. Osea, como en el 86, volveremos a los ‘tipos incrementados’, o lo que toda la vida se ha llamado ‘impuesto de lujo’. La diferencia la marcará lo que nuestro actual gobierno considere que son productos de lujo para los españolitos de a pie, que tendrán que pagar ese incremento de un día para otro. De momento la cultura ya es un lujo, al menos en cuanto a IVA se refiere.

Por si las moscas, en el Motel Bates estamos haciendo acopio de carnes de ternera y pescados que no se llamen fletán ni halibut. Por si vienen los ministros a degustar nuestra cocina, que les podamos dar IVA por liebre.