La culpa de los periodistas de Albacete

  • Columna de opinión, por Miguel Ángel Aguilar

Los periodistas de Albacete lloran por la falta de libertad de expresión de la ciudadanía, por el incesante cierre de los medios locales que a todos nos daban voz.

Lloran desde que les negaron ese puesto a que les daba derecho su carrera universitaria —cual funcionario que compra su plaza, como quien compra un nicho preferente—, hijos del bienestar y el pelotazo. Nada de agobio; menos de dolor.

Desde que Barreda/Cospedal dejaron de financiar sus empresas, desde que les negaron su fiel cometido de narrar la inauguración, el dime, el direte y el Fitur.

Desde que el cacique local de turno, eterno dueño de los medios desde Los Santos inocentes hasta hoy, dejó aparcado su juguete (periódico, televisión), ya sin pisos ni banderas, cual Alcántara, que vender.

¿Dónde estabas tú cuando en la rueda de prensa —ni al terminar, en el pasillo— nadie preguntó lo que no convenía? ¿Es esa la verdad objetiva, la de los auto proclamados protagonistas, la que te enseñaron en la facultad? ¿Dónde quedaron los actores secundarios, y los guionistas, los técnicos de luces, y el público? ¿Cuántas veces te jugaste la comodidad por cuestionar a tu redactor jefe, a tu director, por rellenar las lagunas que han acabado por inundar este pantano secarral —con oficina de turismo subterránea incluida, eso sí— manchego?

Ese publicar noticias por la vía fácil, sin crear contenidos propios, como quien comparte un contenido de Facebook, ha acabado porque te eliminemos de nuestra lista de amigos. Demasiado spam, demasiados Me gusta sin matices, demasiados parecidos nada razonables.

Yo crecí, y no en años sino por elección, con Hermida, con Carrascal, con Balbín, con Juan Antonio Cebrián, con Pumares, Del Olmo… con gente que me gustara o no, lo hiciera bien o mal, anteponía el valor de ser lo más solvente posible, de estar informado y, sobre todo, de cultivarse frente al valor de parecer serio, parecer informado o parecer periodista, cuando sólo se es escribano.

Sé que te han educado, como te decía, en el pelotazo. Que tus referentes son Juan Ramón Lucas o Jordi González —poblados por un vacío que asustaría al mismo Leopoldo María Panero— con esa empatía, tan atrevida como su ignorancia, que les hace ser gaditanos cuando entrevistan a José Mercé y cultísimos eunucos cuando a Vargas Llosa. Sé que te han educado en la hipocresía de tu paisano Pedro Piqueras, paradigma de la muda conversión de los informativos prime time en basura, devenido en referente periodístico en sus giras natales por tu periódico, por tu televisión y tu radio. Cada hombre se gana la vida como quiere, o como puede. Y sí, que te  hablen de periodismo, pero no de ética, de profesionalidad ni de darte lecciones, oh, periodista de provincias. Porque eso ya me toca las noticias.

Que los periódicos estaban muertos lo sabíamos tú y yo desde el bachillerato. Porque ni tú ni yo hemos conocido, en todos estos años, a una sola persona menor de 40 años que compre ningún periódico de papel. Y es que no hay mejor ciego que el que vive bien.

No me digas que nos han robado la libertad de expresión. Dime que te has quedado sin trabajo, y así vamos bien. Dime que si consigues un sueldo casi mil eurista con la próxima concesión derechona de televisión local —ocupando el hueco de Abteve— estarás agradecido o que, por lo menos, podrás pagar el alquiler. Y así vamos bien.

Pero preferiría oírte decir, al menos también, que has aprendido algo de todos estos años, que pensabas que te salvaría el rellenar a tiempo tus páginas y minutos, que no incordiar, ni a propios ni extraños, te salvaría. Pero que no fue así. Oírte decir que la libertad de expresión se perdió cuando no incluiste aquel detalle insignificante de no sé qué acto o de aquel otro inofensivo concierto, porque se podría molestar Juanito, e incluso darle un toque a tu jefe, y total, tampoco se iba a parar el mundo por unas cuantas líneas de más o de menos en tu crónica.

Que eso fue lo que te condenó.

Que la suma de pequeñas condenas hizo que tu alma no se salvara, ni nuestra libertad de expresión. Y que quieres cambiar, que no te mueve el volver a empezar y a cobrar, para quererme.

Que ahora que puedes iniciar un proyecto periodístico sin tener a un gañán por jefe irás a por todas: y ahí tendrás nuestro Me gusta en mayúsculas.

Inicialmente iba a titular esta columna ‘Salvo honrosas excepciones’, que es más corto y positivo —que no positivista, ni puesto en valor, caro lector— pero era algo tan genérico, inofensivo y digno de titular una columna albaceteña de provincias (todo un exponente de lo que es España) que preferí ir a lo sustancial. Así que, eso, salvo honrosas excepciones.

Editorial: Periodismo comprometido y compromiso con el Periodismo

No serán ajenos los lectores de diarioab.com, como tampoco lo será una buena parte de la ciudadanía albaceteña, que éste no es el único periódico digital que ha nacido en el ámbito local empujado por la terrible crisis que vive el sector de los medios de comunicación. Como diarioab.com, otros compañeros han iniciado por su cuenta una valiente apuesta periodística en busca del autoempleo y en respuesta a la gran demanda, patente en la sociedad, de un diario digital de referencia tras la desaparición de La Verdad de Albacete y su edición online de laverdad.es. Incluso, la cantidad de digitales surgidos en las últimas semanas y otros que quedan por venir supera cualquier previsión y evidencia la dramática situación que vive la profesión periodística en la provincia. También demuestra, qué duda cabe, la gran capacidad de los profesionales de nuestro entorno que hoy se atreven a asumir los riesgos que un proyecto empresarial, como es un periódico, supone en el peor momento de la historia del Periodismo. Sigue leyendo

Cuando esperar no sirve de nada

  • Columna de opinión, por Sato Díaz (@JDSato). 

El Teatro Valle Inclán de Madrid, del Centro Dramático Nacional, acoge, desde el pasado 19 de abril hasta el 19 de mayo, la obra de Samuel Beckett Esperando a Godot dirigida por Alfredo Sanzol. Sus personajes principales, Vladimir y Estragón, esperan, en medio de la nada, la llegada de Godot. Nadie sabe cómo han llegado hasta ahí, cuánto tiempo llevan esperando, qué beneficios ofrecerá ese tal Godot a sus vidas… El tiempo pasa y los personajes se deshumanizan, pierden sus coordenadas espacio-temporales, su personalidad… ¿Les suena? Sigue leyendo

Toda una vida en la Edad Media

  • Columna de opinión, por Alfonso Tornero

Decía un sabio libro de religión: «En nuestros tiempos, una persona puede recibir en un sólo día más información de la que se podía recibir durante toda una vida en la Edad Media». La sentencia no está limpia de orgullo, pero fijémonos en cómo la frase se cubre las espaldas con un«puede» antes del «recibir». Márquese bien clara la frontera entre posibilidad y realidad. Y la realidad nos trae internet a todos nuestros móviles y hogares (por un módico precio que, según los proveedores, no está reñido con el concepto de derecho a la información). Pasado ese primer filtro del «puedo porque pago», queda por discernir en qué consiste el torrente de datos que me distingue del campesino analfabeto europeo del medievo. Sigue leyendo

Comunicar en Albacete

Somos muchos y muchas los que aún recordamos aquel Albacete de una única cadena de televisión, un único noticiario de radio (sí, había varias cadenas, pero todas conectaban al único noticiario legal) y un único periódico. Sigue leyendo