¡Stonewall!

  • Columna de opinión, por Sato Díaz (@JDSato)

Stonewall_Inn_1969, Orgullo gay, lesbiana, opinión, AlbaceteSituémonos por unos instantes en el barrio neoyorkino del Greenwich Village, durante las primeras horas del 28 de junio de 1969. En Christopher Street se encontraba (y allí sigue todavía hoy, aunque reformado y modernizado) el Stonewall, por aquel entonces uno de los bares de reunión de gais, lesbianas, bisexuales, transexuales, transgéneros… más míticos de la ciudad. Durante aquellos años, existía una gran presión legal y social ejercida sobre esta comunidad, que podía ser acusada de desorden público por el mero hecho de que una mujer vistiera con ropas catalogadas como masculinas o un hombre con femeninas, así como por mostrar abiertamente una orientación sexual distinta a la normalizada. Esa noche, en este bar, la policía llevó a cabo una redada, desarrollando distintos tipos de abusos contra las personas que se encontraban dentro.

Sin embargo, lo verdaderamente novedoso fue que se iniciaron unas protestas y disturbios contra la policía en la calle. Los travestis, los gais, las lesbianas, bisexuales… se enfrentaron a la policía y, de esta manera, por primera vez esta comunidad salió de la clandestinidad para luchar por sus derechos. Era la gente más marginada de Nueva York, la que se veía obligada a permanecer en antros oscuros, la que mostró abiertamente sus orientaciones sexuales, sus prácticas de género o sus peculiaridades biológicas, enfrentándose al poder establecido. En honor a estos disturbios se sigue celebrando en el presente, en todo el mundo, el día del orgullo LGTBI.

No obstante, hoy en día, el carácter festivo de muchos de los eventos que se celebran por la efeméride, organizados por multitud de empresas que, mediante la mercantilización de la orientación sexual o tendencia de género, no pretenden más que aumentar sus beneficios económicos, nos hace desviar la mirada de la raíz del problema. Continuamos viviendo en una sociedad en la que no se admite que el género (masculino, femenino o toda esa gama de colores que se encuentra entre lo uno y lo otro) no es más que el rol que una persona decide asumir al reflejarse en las costumbres sociales. Además, nuestra sociedad todavía no ha madurado lo suficiente para comprender que el sexo de un individuo se transforma con el paso del tiempo de tal manera que, por ejemplo, habiendo nacido con apariencia de hembra, el individuo puede convertirse en macho (o viceversa) gracias a los avances científicos y tecnológicos. O qué decir de la intersexualidad, personas que nacen con los dos sexos, que se ven obligados a renunciar a uno de ellos para el resto de sus vidas.

Una profundización en estos temas, con políticas activas en este sentido, con la inclusión de estos temas en el sistema educativo, debería ser hoy primordial. El racionalismo derivado de la Ilustración del siglo XVIII nos obliga a encasillar en una cuadrícula la realidad para lograr comprenderla. A lo mismo nos obliga el capitalismo, con tal de poder comercializar con ella. Sin embargo, cuando intentamos entender al ser humano y sus sentimientos, las líneas rectas no sirven. Siempre se difuminan. García Lorca, en su obra El Público, hacía el siguiente paralelismo: el amor verdadero es a la sociedad, como el teatro es al público burgués del primer tercio del siglo XX: ni la sociedad sabe comprender el amor verdadero, ni el público el verdadero teatro. Hoy en día, parece que continuamos igual.

Su excelencia Anatolio Alonso

Es de sobra conocido que los actuales responsables de educación en los diferentes ámbitos territoriales no tienen ni idea de educación. Son paracaidistas que han aterrizado en el patio de la escuela pública pertrechados con todo el arsenal ideológico de la empresa privada, que es lo que ellos de verdad conocen. Y lo peor es que no la sienten porque no la han vivido. No han vivido, por ejemplo, la felicidad de ver cómo el trabajo hecho en clase a  veces compensa las carencias culturales, sociales y hasta afectivas de entornos familiares problemáticos. No entienden que las escuelas deben ser viveros de hombres y mujeres libres, no fábricas de mano de obra sumisa.

Como saben poco de educación, y como no pueden decir claramente que su verdadero propósito es degradar la enseñanza pública para potenciar la privada, ellos se limitan a cacarear constantemente una retahíla de palabros como calidad, esfuerzo, emprendeduría, excelencia… Esta última les gusta tanto, no sabemos si por contagio neodarwinista o porque les recuerda  pasados caudillajes, que en Madrid hasta le han dedicado un bachillerato al que supuestamente acuden los varoncitos y las hembritas ilustres de aquella comunidad. Uno de los chicos seleccionados hace dos años para cursar esa modalidad fue un tal Anatolio Alonso, un alumno brillante y curioso que, sin embargo, prefirió permanecer en el instituto público Juan de la Cierva junto con sus profesores y compañeros de siempre. Su dedicación al estudio no le impidió hacer deporte, salir con los amigos como cualquier otro adolescente o participar activamente en las campañas organizadas por la Marea Verde. Así, sin necesidad de estar rodeado de empolloncetes a todas horas, conviviendo con compañeros muy inteligentes y otros que lo son menos, inmerso en la efervescente pluralidad social, intelectual, ideológica, étnica y religiosa propia de cualquier aula de un centro público, Anatolio ha obtenido la calificación más alta en la selectividad (¡un 9,95!) de la Comunidad de Madrid. Lo hemos podido ver y escuchar en los medios días atrás, ataviado con su camiseta verde para defender «la escuela pública en donde me he criado y donde me he formado».

Afortunadamente, Anatolio no es ninguna excepción. Son muchos los chicos y chicas que con su trabajo académico y su activismo están dando cada día contundentes lecciones a toda la sociedad, y en particular a nuestros gobernantes. Como, por ejemplo, que no puede haber una formación integral al margen de la vida misma en su extensa y apasionante diversidad; o como que la calidad educativa no consiste solo en llenar las cabezas de datos y fórmulas, sino también en la adquisición de compromisos ciudadanos con los sectores sociales más vulnerables. Aunque ni nuestro consejero ni nuestro ministro lleguen nunca a entenderlo, es en alumnos como Anatolio, o como los que le negaron hace unos días el saludo, donde se encuentra la verdadera excelencia, mucho más que en la atmósfera viciada de los centros segregados y elitistas que ellos, en su profundo desconocimiento del hecho educativo, tanto admiran.

*El Colectivo Puente Madera está formado por Enrique Cerro, Esteban Ortiz, Elías Rovira y Javier Sánchez.

Para los conformistas…

A cualquiera de los lectores que hayan detenido su mirada en el presente artículo no les costará mucho recordar la última vez que escucharon la habitual frase, llena de amarga resignación:

…aquí no hay nada que hacer, en España está todo hecho.

Desde el Colectivo DU creemos que nada más lejos de la realidad. En el ámbito de actuación de dicho grupo profesional multidisciplinar, no entendemos el conformismo cuando seguimos viendo que nuestro país (no solo los países emergentes, a los que muchos profesionales se están viendo avocados a emigrar) tiene grandes retos por delante.

Y si no, reflexionen con nosotros:

  • Seguimos contaminando nuestros cauces y subsuelo con unas aguas residuales cuya gestión y tratamiento nos comprometimos a realizar hace ya más de 15 años y no hay más que recorrer las poblaciones de nuestro entorno para darse cuenta que permanecemos anclados en el pasado, sin mayor tecnología que la confianza en la dilución natural.
  • No mejoramos la problemática si hablamos en términos de abastecimiento de agua. Olvidamos, en años lluviosos como el presente, el histórico desequilibrio hidrológico entre las diferentes cuencas hidrográficas, estancados en una problemática que deberíamos haber afrontado en el pasado y que nos pedirá cuentas en el futuro.
  • Hemos sido capaces de desarrollar grandes redes de infraestructuras viarias, pero llegada la madurez de nuestro formidable patrimonio vemos con perplejidad como paulatinamente se va degradando, retornando a condiciones de servicio que ya no recordábamos.
  • Debemos reinventar la manera de acometer nuestro futuro. Grandes empresas concesionarias de nuestro país encuentran en el extranjero fórmulas de colaboración público-privada que están llevando al éxito actuaciones vertebradoras, mientras aquí vemos como las mismas concesionarias entran en una cadena incesante de procesos concursales sin alternativas de viabilidad.
  • Todo ello sin olvidar que, en este que nombramos como el país en el que «todo está hecho», no siempre nos es fácil caminar y garantizar el acceso, máxime a las personas con dificultades en su movilidad. En nuestra vida cotidiana ¿no seguimos observando aceras, obstáculos y trabas en los accesos en los que apenas una persona puede transitar?
  • La movilidad de nuestras ciudades sigue, en algunos casos, pendiente de cambios de gran calado,que deberían enmarcarse desde las raíces de nuestro sistema educativo, dando el salto definitivo hacia una aceptación y puesta en uso real de los sistemas públicos de transporte con un uso más racional del vehículo particular.
  • En lo referente al entorno urbano, ¿quién no se ha imaginado ciudades con separación real de tránsito peatonal y tráfico rodado? ¿No sería posible respetar grandes espacios para el peatón, con infraestructuras de reordenación de tráficos ágiles y funcionales?

Por tanto, miremos nuestro entorno y no seamos conformistas. En la escasez de recursos, busquemos fórmulas alternativas para mejorar. «No podemos resolver problemas pensando de la misma manera que cuando los creamos» (1).

(1) Albert Einstein (1879-1955)
*DU es un colectivo de profesionales multidisciplinares que crean, desarrollan y ejecutan ideas en #arquitecturas, #marcas, #ciudad, #encuentros y #producto. El Colectivo DU está formado por: Maribí Juan Rodríguez, Javier Martínez Cañamares, José Antonio Martínez Lamata, Antonio Navarro, Ricardo Morcillo Siro Morcillo, Gonzalo Piqueras, Laura Puerto y Pablo J. Vizcaíno.

Esperpento

  • Columna de opinión, por Sato Díaz (@JDSato)

«Los héroes clásicos han ido a pasearse al callejón del Gato… Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el esperpento. El sentido trágico de la vida española sólo puede darse con una estética sistemáticamente deformada». Así explica Max Estrella en qué consiste el esperpento, en la obra Luces de bohemia de Valle-Inclán, escrita en 1920. Y es que en este céntrico callejón de Álvarez Gato, en Madrid, se encontraban unos espejos que deformaban todo aquello que reflejaban. Aquellos que paseaban por ahí veían cómo sus siluetas se modificaban, y se reían y bromeaban sobre ello.

Con el esperpento encontró Valle una técnica teatral que le resultaba propicia para reflejar la sociedad española del momento. Una de sus mayores características es que conseguía mostrar grotescamente las tragedias de los personajes. Es decir, que mientras los personajes sufrían unos desenlaces funestos en sus vidas sobre el escenario, producían risa en el público del patio de butacas. Era una España caduca, una caricatura de sí misma, según el propio autor. Era la España del turnismo canovista, donde los partidos Liberal y Conservador amañaban elecciones para sortearse en el poder, del caciquismo, de la Restauración borbónica, de Maura, de Canalejas, casi de Primo de Rivera… Una España que se sostenía en un sistema caduco, que creía ser aquello que nunca había llegado a ser.

Los espejos del callejón del Gato desaparecieron hace años. Sin embargo, continúan deformando todo lo que se refleja en ellos. Hoy hay un escaparate de una tasca, y me reflejo en él. Y veo mi silueta deformada por los anuncios de los precios de las patatas bravas, de la morcilla de Burgos, de la tortilla de patatas, del queso manchego… Y por allí pasea hoy la sociedad española. Los héroes trágicos reflejados entre los precios de las patatas bravas y de la morcilla de Burgos dan también el Esperpento.

En ese escaparate de esa tasca se ha reflejado, por ejemplo, el artículo 14 de nuestra Constitución: «Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social», y el reflejo que nos llega hoy en día es nuestra realidad, caricatura de sí misma, con una ración de patatas bravas. También se ha debido reflejar allí el primer apartado del artículo 128: «Toda la riqueza del país en sus distintas formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general», y nos llega también la caricatura, mezclada con una tapa de queso manchego. Y qué decir del artículo 47: «Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación…», nos ha llegado el reflejo, con olor a chorizo.

En definitiva, el esperpento valleinclanesco, a la vuelta de la esquina. Grotesca es nuestra realidad, hasta tal punto que si nos viéramos desde fuera, como el público ve al actor en el teatro, nos produciríamos risa, tan educados, tan obedientes, tan desgraciados, como marionetas. Pero desde dentro, como personajes que somos, la tragedia es mayúscula, y con todas sus consecuencias.